| BUGATTI VEYRON |
| SUEÑO real. El Veyron deriva del proto 18:3 Chiron, visto en Frankfurt en 1999. El alerón trasero aparece cuando se alcanzan los 120 kilómetros/hora y aporta estabilidad al eje trasero. |
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 | B de bugatti. Han pasado 106 años desde que Ettore Bugatti diseñó su primer coche, pero los modelos con su logo tienen un aspecto inconfundible. El cambio es automático de siete relaciones, y empuja a cualquier régimen. | La pequeña factoría francesa de Molsheim produce a ritmo de obras de arte el único coche nuevo capaz de arruinar de una tacada al ’hombre del millón de dólares·. Y es que con el Veyron se vende mucho más que un coche; de alguna forma, es una reedición del Bugatti Royale. Las premisas son las mismas: exclusividad, precio inalcanzable, potencia exacerbada.
El Royale de este siglo tiene forma de deportivo, ¡y vaya deportivo! No sin esfuerzo, los técnicos de la marca consiguieron elevar la potencia de su motor W16 ¡hasta los 1.001 caballos! No sabemos cuál será su fiabilidad, pero sí que tiene cuatro turbos, uno por bancada, y que alcanza los 300 kilómetros/hora desde parado en menos de 14 segundos. Su historia no tiene desperdicio, porque el primer prototipo del Veyron –llamado Chiron– tenía 18 cilindros y ’sólo· 555 caballos. Cinco años de desarrollo y la sobrealimentación han podido casi duplicar la potencia específica, ahora cercana a las mejores de la historia comercial del automóvil.
El bastidor que soporta esta caballería está construido íntegramente en fibra de carbono, y la carrocería está compuesta con este mismo material y kevlar, como los mejores prototipos de competición. Tal es la singularidad de este modelo que Michelin ha tenido que desarrollar unas ruedas especiales de tipo Pax, en las que la llanta encaja en una acanaladura del neumático, lo que reduce en mucho el perfil y las posibilidades de desllantar.
Para tratar de controlar la desmedida potencia de su propulsor, Bugatti ha dotado al Veyron de tracción total, lo cual no les ha impedido generar un efecto suelo vital cuando se alcanzan velocidades superiores a los 400 kilómetros/hora.
Estremecedor
La limitadísima producción del Veyron y la extrema dificultad para tener acceso a uno de ellos nos ha impedido profundizar nuestro contacto de conducción con este impresionante supercar. Sí podemos afirmar que su sola visión estremece, al tiempo que sorprende la armonía entre las cifras de prestaciones y el aspecto exterior, agresivo y musculoso en grado sumo.
Pese a todo, no estamos ante el deportivo más rápido del mundo en toda circunstancia, y prueba de ello es que no existe un Veyron de carreras. El peso de su enorme motor condiciona su comportamiento, y el cambio semiautomático de siete relaciones con levas en el volante tampoco puede compararse en rapidez con el F-1 de Ferrari, ni siquiera con el SMG II de BMW. Así pues, aunque sus prestaciones en línea recta son las mejores del mundo, otros le superan en comportamiento y agilidad. |
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